En un bol grande mezcla con un cucharón la leche, la levadura, las harinas, la sal y la miel, hasta que esté todo integrado. Añade el huevo y vuelve a mezclar.
Amasa la mezcla durante unos 10 minutos si lo haces a mano (sobre una superficie bien enharinada) o unos 5 minutos con un robot amasadora. Agrega la mantequilla y amasa unos 15-20 minutos más, hasta que quede una masa elástica.
Forma una bola con la masa, introdúcela en un bol bien engrasado, tápalo con un paño o con papel film y deja que fermente hasta que duplique su tamaño, aproximadamente una hora u hora y media.
Mientras tanto, prepara el relleno triturando en una picadora el chocolate, los dátiles y la canela. No tiene que quedar una pasta fina, sino como una textura de arena. Añade la mantequilla muy fría cortada en dados y tritura dando unas cuantas pulsaciones, evitando triturar de más para que no se derrita la mantequilla. Guarda refrigerado.
Una vez que haya fermentado, devuelve la masa a la superficie de trabajo enharinada y extiéndela con la ayuda de un rodillo (también enharinado para que no se pegue y rompa la masa) para conseguir un rectángulo de aproximadamente 40 x 10 cm. Reparte el relleno de chocolate por toda la superficie y enrolla la masa desde el lado largo para formar un churro de 40 cm de largo. Córtalo por la mitad y coloca una mitad encima de la otra formando una cruz. Ahora trenza los cuatro extremos de masa y sella las puntas. Lleva la trenza a un molde de bizcocho alargado bien engrasado, tápalo con un paño y deja fermentar otra hora más.
Precalienta el horno a 180 ºC y hornea entre 20 y 25 minutos, hasta que la superficie esté dorada. Deja enfriar unos minutos antes de desmoldar y espera a que haya templado por completo antes de cortar en rebanadas y servir.